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17 de Febrero de 2017

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Bajo licencia Creative Commons / www.usergioarboleda.edu.co
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Pesaba 120 kilos, cuando en 2014 decidió hacerse una cirugía para bajar de peso. "Perdí 40 kilos muy rápido, pero ahí te das cuenta de que quedas súper mal físicamente. Si te sacas la ropa, te ves más feo que cuando estabas gordo. Totalmente flácido, se te cae todo y aparecen los problemas de autoestima", explica Cristián (38), quien prefiere no dar su apellido.

Por esto, se sometió a una primera cirugía reparadora en octubre de 2016, para eliminar una notoria ginecomastia. Un mes después se sometió a la llamada "abdominoplastia", en que le sacaron el exceso de piel del abdomen. "Desde entonces voy mucho al gimnasio, para seguir apretando", dice.

Y si bien la primera intervención fue cubierta por su isapre, la segunda fue rechazada ayer, porque la consideraron estética. "Estoy esperando que me entreguen formalmente la carta de rechazo, para apelar a la Superintendencia de Isapres", advierte.

Esta situación no es rara y fue denunciada en carta enviada a "El Mercurio" por la presidenta de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica, doctora Monserrat Fontbona.

En ella destaca que el tratamiento completo de la obesidad requiere de una segunda etapa que consiste en tratar las secuelas de la baja masiva de peso. Estas se manifiestan en un "exceso y caída de piel en diversas partes del cuerpo, como el abdomen, dorso, glúteos, mamas, brazos, muslos e, incluso, el rostro", detalla la especialista. Actualmente, agrega, estas cirugías son costeadas por los mismos individuos, los que deben apelar a la autoridad de salud para intentar que los gastos sean cubiertos por su previsión.

"La intervención más frecuente es la que busca recuperar un abdomen normal, eliminando el exceso de piel, y por el que se siguen viendo gordos porque se ve como un rollo. Además se forman pliegues, en donde traspiran, pueden aparecer hongos y se produce mal olor", dice el doctor Rodrigo Contreras, cirujano plástico y reconstructivo de Clínica Indisa.

La segunda cirugía más frecuente es la que corrige las mamas que se caen y pierden volumen. En tercer lugar se operan los muslos y brazos.

El doctor Contreras estima que el 50% de quienes se operan para perder peso, recurren a estas cirugías para volver a moldear su cuerpo. Una cifra importante si se tiene en cuenta que cada año en el país, más de 10 mil personas se someten a una intervención para adelgazar.

"Si una cirugía para bajar de peso -que se hace por laparoscopía- demora 45 minutos, las que son reparadoras pueden durar hasta seis horas", explica el doctor Llamil Kauak, cirujano plástico y reconstructivo de Clínica Las Condes. Por esto es importante, dice, chequear que el paciente lleve entre tres y seis meses con su peso estabilizado, que esté bien alimentado y sus exámenes normales, para poder operarlo.

Esto porque se trata de intervenciones que tienen un 19% de posibilidades de complicarse, como que se abra la sutura o se produzca un sangramiento local. Esto porque se trata de una operación muy extensa, con muchos cortes y, según el doctor Kauak, en ella se pueden retirar hasta más de ocho kilos de tejidos.

"Son pacientes que demoran más en cicatrizar, tienen una recuperación más lenta de hasta un mes", dice la doctora Fontbona.

A pesar de esto, el beneficio es claro. "Todo cambia. Te sientes más seguro y mejora tu bienestar psicológico", dice Cristián.

Publicado en: 
Sebastián Urbina, El Mercurio