Publicado el

09 de Octubre de 2016
Chile Vive Sano
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La falta de actividad física ya no es un problema que atañe solo a los adultos y los jóvenes. Ahora el sedentarismo también está alcanzando a los niños, e incluso a las guaguas. Se trata de un fenómeno preocupante que, según los especialistas, en los últimos años está perjudicando el desarrollo psicomotor infantil.

Porque cuando se restringen conductas tales como gatear, correr al aire libre, saltar y escalar, se está afectando el desarrollo físico del niño. Pero también se limita su capacidad de explorar el mundo, así como de aprender de su entorno.

Por esto, hoy los pediatras se refieren a esta condición como el síndrome de déficit de ejercicio, algo que ya se observa en la primera infancia y que es necesario prevenir. El tema fue tratado durante el congreso de la Sociedad Chilena de Pediatría, Sochipe, que finalizó ayer en Viña del Mar.

Verdadera glándula

Desde hace unos 10 años, la evidencia ha demostrado que los músculos cuando se contraen no solo queman calorías, sino que también liberan ciertas proteínas -verdaderas hormonas- que ayudan al funcionamiento armónico de otros órganos.

Por esto es preocupante que el ejercicio se restrinja, ya que esto puede alterar el metabolismo del cuerpo, facilitando la aparición de obesidad y otras enfermedades.

"Cuando en los primeros meses de vida el niño no usa sus músculos, después va a tener problemas con hacer movimientos básicos como saltar en un pie o chutear una pelota. Además, va a ser más torpe, lo que, con seguridad, aumentará su sedentarismo y sus problemas de salud futuros", dice el doctor Francisco Verdugo, presidente del comité de Medicina del Deporte de la Sochipe, quien expuso sobre el tema en el congreso.

Lo que hoy se recomienda es al menos dos horas de actividad física diaria para los preescolares. "Que hagan juego libre, sin reglas ni metas, saltando, escalando, dando volteretas", agrega el especialista y pediatra del Centro de Medicina del Deporte de Clínica Las Condes. En la etapa escolar, se agregan las reglas y metas, y se recomienda una hora de actividad física moderada a intensa al día.

"Los niños de hoy se mueven menos, algo que cuando se da en los primeros años de vida disminuye su capacidad exploratoria, afectando su psicomotricidad y su desarrollo cognitivo", dice Cecilia Hervias, académica de la Escuela de Kinesiología de la Universidad de los Andes, quien participó en el debate acerca del tema.

Antes, según dice, a los niños los papás los dejaban en el suelo para que gatearan libremente, y ahora pasan más en sillas y andadores, lo que limita su capacidad de moverse y experimentar con su cuerpo.

"Es bueno que vivan el desafío motor de caerse y pararse, sin frustrarse. Además, cuando gatean, con sus manos sienten distintas texturas como la alfombra, el piso o la arena, y también reconocen más fácil si el suelo está caliente o frío", agrega Hervias, quien también se desempeña en el Servicio de Kinesiología de Clínica Las Condes.

Toda esta información que reciben, sobre todo en los primeros dos años de vida, enriquece su desarrollo psicomotor y aumenta su habilidad para enfrentar después otras actividades físicas o deportivas.

"El ejercicio no es solo para disminuir de peso o para destacar en deportes. Es una actividad importante para aprender a trabajar en equipo, para respetar las reglas del juego y así integrarse a la convivencia", dice Alejandro Ducassou, director de Pedagogía en Educación Física, de la Universidad Mayor en Temuco, y quien presentó una ponencia en el encuentro.

En su opinión, hay que recuperar el juego en las escuelas. "Hoy, muchas veces el niño se mueve más en el recreo que en la clase de Educación Física. Esto porque los profesores, por ejemplo, los ponen a tirar la pelota al aro de básquetbol. Tiran una vez y se van a poner a la fila hasta que les toque de nuevo", explica.

Asimismo, estos expertos hacen algunas sugerencias a los padres: que los fines de semana cambien el paseo al mall por las plazas y parques, que estimulen a sus hijos a ir en bicicleta a comprar, que los lleven caminando al colegio y que, cuando puedan, prefieran las escaleras al ascensor.

 
Publicado en: 
El Mercurio por Sebastián Urbina