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Publicado el

29 de Marzo de 2015

"Jardineando se me olvidan las preocupaciones del mundo, puedo estar horas. Me relaja y me da muchas alegrías, también me conecta con los ciclos naturales de las plantas", dice Francisca Escobar, mientras trasplanta un níspero de un macetero a otro. Hace 15 años comenzó a aprender de esta práctica y hoy en el jardín de su casa hay limones, damascos, lavanda, salvia, caléndula, menta y alcachofas, entre otros múltiples vegetales.

"En el jardín hay mucho aprendizaje. Por ejemplo, lo relaciono con las clases de ciencias naturales de mi hijo menor. Una vez estaba aprendiendo de la reproducción de las frutillas y yo le mostré todo el proceso. Hasta llevó una muestra al colegio", cuenta.

Los beneficios que aporta la práctica de cuidar plantas, podarlas y meter las manos en la tierra son múltiples, dicen los especialistas, y que prueban los testimonios de quienes se dedican a jardinear.

En un estudio holandés de las universidades Leiden y Wageningen, les pidieron a dos grupos de personas realizar una tarea estresante. Después, las de un grupo se dedicaron a jardinear por media hora y las del otro leyeron libros adentro de una casa. Los investigadores notaron que quienes estuvieron en contacto con las plantas tenían mejor humor que el resto y también un nivel menor de cortisol, la hormona que se libera con el estrés.

"Al trabajar conectado con la naturaleza, en una práctica que además implica enfocarse en una sola tarea, disminuye el estrés, mejora la concentración, la sensación de satisfacción, el optimismo, la paciencia y la creatividad", explica la psicóloga y académica de la Universidad Mayor, Daniela Becerra.

Pequeños hijos

Sentir la tierra con las manos se ha vuelto un vicio para Paloma Prado, quien no dejó de hacerlo ni siquiera cuando estaba embarazada. "Es un pasatiempo que me relaja y distrae bastante. Pero lo que más me ayuda es ver crecer o comer algo que tú plantaste, eso es cada vez más emocionante y te hace sentir orgullosa", confiesa.

Para muchos, hacerse cargo de sus plantas implica compañía. "Son como una mascota o pequeños hijos, ya que hay una conexión fuerte. Cuando has estado afuera, vuelves y ves que están tristes, o cuando se mueren, a pesar de que las cuidaste, o alguien las arranca, te duele", agrega Stephanie Holiman, directora de Huerto Hada Verde.

Para Solange Anuch, psicóloga de Clínica Alemana, esta puede ser una actividad tremendamente terapéutica. "Estimular la vida y saberte parte de eso da una sensación de productividad y fecundidad para poder seguir enriqueciendo tu entorno de distintas maneras, que no siempre son materiales".

Por último, además de que incentiva a comer más sano -sobre todo quienes tienen su propio huerto-, jardinear también ayuda a mantener a las personas en mejor estado físico y más ágiles. "Cuando crece la maleza, necesitas fuerza para sacarla, o cuando haces hoyos para revolver la tierra, te cansas. Pero es muy rico después ver los resultados", comenta Paloma.

Publicado en: 
El Mercurio