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Publicado el

23 de Julio de 2015

Temática

Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.quo.es
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Envidiamos a aquellas personas que comen todo tipo de alimentos  y no engordan… ¡Qué rabia! Pero a pesar de que mantienen un peso corporal balanceado, hoy son el nuevo foco de atención del mundo médico, ya que muchas de ellas sufren la escasez de ciertos elementos vitales en su organismo.

El 95% de los chilenos tiene hábitos alimenticios poco saludables, según la última Encuesta Nacional de Consumo Alimentario del Ministerio de Salud. Así de preocupante: comemos exceso de grasas, azúcar y sal, pero estamos al debe en la ingesta de frutas, verduras, leche y otros productos que aportan vitaminas y minerales esenciales.

 Esto ha provocado, además del aumento en las tasas de obesidad en la población, el fenómeno de la llamada “hambre oculta”, situación que algunos expertos ya describen como el “nuevo desafío alimentario mundial”. Así lo afirma Héctor Casanueva, representante permanente de Chile ante la Organización Mundial del Comercio, en una columna publicada en América Economía. Ahí, además, explica que esto ocurre cuando “la ingesta calórica es suficiente, pero la cantidad de vitaminas y minerales no lo es”. Así de simple.

Este fenómeno no significa “sentir apetito”, sino que se refiere a la carencia de algunos elementos específicos que el cuerpo no es capaz de producir por sí mismo y que son vitales para su adecuado funcionamiento. Existen 40 micronutrientes esenciales, pero los que mayor preocupación internacional generan son el fierro –cuya falta causa abortos espontáneos y baja en el rendimiento laboral–, la vitamina A –afecta el desarrollo de la visión y la inmunidad– y el yodo –su deficiencia se vincula al bocio–. Esta situación de escasez es especialmente grave en los niños.

Aumentar el consumo de cereales integrales, algas marinas, frutos secos, semillas, leguminosas, brotes germinados y agua pura, como también potenciar el consumo de alimentos naturales, son clave a la hora de combatir este «apetito» invisible a nuestros ojos, pero que incide en nuestra calidad de vida.

30% de la población mundial sufre de la carencia de algún micronutriente, según la FAO.

ALIMENTOS FORTIFICADOS EN CHILE

Desde principios del siglo XX –en medio de la llamada “Cuestión Social”– existen los programas de suplementación alimentaria y de fortificación de alimentos en nuestro país. Su objetivo principal es mantener en niveles óptimos el estado nutricional de la población.

Harina de trigo: Hace 50 años se fortifican las harinas con hierro, tiamina, riboflavina y niacina. El 2000 se le agregó el ácido fólico, esencial para prevenir las malformaciones del tubo neural del feto en el embarazo.

Sal yodada: En 1979 se implementó la obligatoriedad de la yodación de la sal en Chile, beneficiando el funcionamiento apropiado de la tiroides, los procesos metabólicos y el sistema nervioso central.

Agua fluorada: El Programa Nacional de Fluoruración del Agua Potable beneficia al 65.04% de la población del país, transformándose en la principal estrategia de prevención de caries dentales.

Publicado en: 
Revista Ventanal