Publicado el

13 de Mayo de 2015

Temática

"Borrarse". Así describen los jóvenes chilenos el consumo excesivo e intenso de alcohol en una sola jornada. Un fenómeno que en inglés se conoce como "binge drinking" y que se ha convertido en un problema "preocupante" y en aumento en gran parte de los 34 países miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) -incluido Chile-, según lo advierte un informe dado a conocer ayer por esta entidad.

Aunque en el estudio se observa que el consumo promedio de alcohol en la población general (9,1 litros anuales por persona) ha bajado levemente (2,5%) en los últimos 20 años en dichos países, la tendencia es la contraria en los adolescentes.

Entre los menores de 15 años, los niveles de "consumo peligroso" y de "sobrealcoholización episódica" aumentaron en forma importante: la proporción de niños que ha experimentado embriaguez habitual se incrementó de 30% a 40%, mientras que en las niñas las cifras pasaron de 26% a 41% en el período 1992-2012.

Una realidad que en el país dejó en evidencia el Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar 2013: dos de cada tres alumnos de 8º básico a 4º medio toman en exceso (en colegios particulares pagados el consumo llega al 60%).

"La complejidad es que el consumo intenso de alcohol se asocia con embriaguez, y eso con mayor accidentabilidad y conductas de riesgo", precisa el doctor Daniel Martínez, psiquiatra de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía de Chile (Sonepsyn).

De hecho, el informe advierte que las muertes asociadas al alcohol superan a las generadas por el VIH, la violencia y la tuberculosis.

Un episodio de "binge drinking" se describe como la ingesta de cinco a ocho vasos de alcohol en una sola ocasión. Este consumo es considerado "peligroso" a partir de 210 gr de alcohol puro por semana para un hombre, y de 140 g para una mujer (un vaso de vino o una copa de cerveza equivalen a 10 gr).

Según el informe, parte del fenómeno de las "borracheras exprés" se deben a la facilidad de acceso de los jóvenes a la compra de alcohol y a que no existe una percepción de riesgo.

"Un tema de fondo es el sentido del consumo -dice Martínez-. Me ha tocado trabajar con jóvenes y no saben cuánto ni cómo tomar; muchos tienen la noción de que este consumo excesivo es una forma normal de beber".

Además de los riesgos inmediatos, este consumo esporádico, pero asociado a embriaguez, si se mantiene en el tiempo, también provoca un deterioro a nivel cerebral y en funciones cognitivas, así como en el desarrollo de la personalidad.

Por ello, "la gran premisa preventiva es retrasar lo más posible el consumo", dice el especialista.

Publicado en: 
El Mercurio