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Escrito por: Cecilia Morel
Presidenta Fundación Chile Vive Sano

Temática

Publicado el

02 de Julio de 2015

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Hoy nos encontramos en una era de grandes contradicciones. Por un lado, el exceso de peso se ha instalado como una epidemia global –afecta a 1.900 millones de personas adultas en el mundo–, pero por otro, el culto a la moda nos presiona a cumplir con ciertos cánones, impuestos por los medios de comunicación y la publicidad, que muchas veces se alejan de nuestra realidad y esencia humana.

La inconformidad que hoy sienten muchas personas consigo mismas tiene que ver, en gran medida, con los estereotipos de belleza y del «deber ser» actuales, dogmas que causan estragos y que hacen centrar nuestra atención en el «verse bien», en desmedro del «sentirse bien».

Esto ocurre debido a una decreciente valorización de la dignidad del ser, y que, entre otros motivos, se explica por la debilidad en la formación de valores y de hábitos desde la infancia, especialmente los alimenticios y aquellos que tienen que ver con el autocuidado. Una de las razones de la sociedad actual para no subir unos «kilos demás», es el potente mensaje de la importancia de cumplir con ciertos patrones donde predomina la imagen por sobre la salud.

Aquí radica uno de los principales orígenes del incremento acelerado de los trastornos alimenticios en la población, que se explican por la insatisfacción con respecto al cuerpo, acompañado de una disminución de la autoestima y una distorsión de la imagen corporal. Enfatizar en el valor de «verse bien» y no el de «sentirse bien», puede provocar a la larga que pasemos de una sociedad con graves problemas de obesidad a una irreparable realidad donde los trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia y bulimia, cobren la vida de miles de personas que no han sabido equilibrar las presiones de un mundo cada vez más exigente y que centra el éxito y la felicidad en la apariencia.

Hoy en día nos encontramos con múltiples  trastornos  alimenticios, cada vez más usuales,  como la vigorexia –preocupación obsesiva por el físico y la realización extrema actividad del deporte–, la ortorexia –obsesión por el consumo de alimentos saludables–, la pica –ingesta de alimentos no comestibles como papel o tierra–, trastornos por atracón y síndrome del comedor nocturno, entre muchos otros aún no especificados.

Ante esta realidad, tenemos un rol fundamental en la formación valórica y en la transmisión de educación alimentaria a nuestras futuras generaciones, enfocada en la prevención tanto en el ámbito familiar, educativo y social, para permitir enfrentar precozmente las enfermedades relacionadas con las conductas alimentarias.

El llamado es a rescatar la importancia del autocuidado y la autoaceptación, lo que nos llevará a una sociedad más sana y equilibrada en cuerpo y mente.

Publicado en: 
Revista Ventanal